domingo, 25 de marzo de 2012

Crucero Caribeño I


Haré un pequeño recuento de cómo se dio este viaje caribeño, para lo cual me remontaré a las navidades pasadas donde, pensando en qué regalarle a mi familia, se me ocurrió que un viaje - en vez de objetos, muchas veces innecesarios, que nos dan por las fiestas navideñas - era el regalo perfecto. Sumado a esto, mi hermana menor (a quien llamaré en esta crónica “Chicharra”) cumplía cincuenta años y estaba organizando un paseo de diez días en el Caribe.

Nuestro Mapa del Caribe


Nos embarcamos en el proyecto denominado Piratas del Caribe, con mis cinco hijos: Eduardo, Michelle, José Alfredo, Diana, Camila, las parejas de ambos (Claudia con Arena en camino) y Rodolfo, lo que nos dio la suma de 9.5 tripulantes, incluidos nosotros dos. Después de todo el periplo de conseguir vuelos, hoteles, etc., nos embarcamos en tres grupos en dos días: mis hijos en Taca, en un muy buen vuelo directo que sale a las diez de la mañana de Lima y arriba a las cuatro de la tarde en el aeropuerto de Miami, y nosotros en el vuelo de medianoche de LAN, por motivos de logística y de un almuerzo programado en casa de los Arana que salió de primera (como siempre). Como de costumbre, la Business es espectacular por diferentes motivos, comenzando por la atención y la amabilidad de su personal , el menú, su surtido bar… pero sobre todo que se duerme muy bien en este particular vuelo y se llega a las siete de la mañana, fresco como una lechuga al país y capital mundial de las hamburguesas (chatarra’s kindom).


DÍA 1

Nos recogió mi hijo Eduardo en una maxi-van que habíamos rentado para la ocasión y, como era hora del desayuno, tomamos rumbo a IHOP (o popularmente conocida como International House of Pancakes), donde nos empujamos el típico desayuno americano dream: huevos en diversas preparaciones (omelette, fritos, revueltos, benedictine), hash brown potatoe (que es la papa rallada y frita, que también se conoce en Europa  como rosti), salchichas, tocino, bagels y por supuesto panqueques y waffles con harta miel y toneladas de cremosa mantequilla batida. Para sentirnos light, ¡jugo de naranja sin azúcar!

International House of Pancakes - Miami Beach


Después de este opíparo desayuno, nos dirigimos al publix y al mall para abastecernos de cosas innecesarias pero siempre útiles para alguna ocasión menos para la importante (que es la del crucero por comenzar mañana). Por la noche nos fuimos, toda la family, a cenar al MEAT MARKET, en 915 Lincoln Road, Miami Beach, donde habíamos cenado en agosto del 2011 (ver crónica). Buenos manhattan, cerveza muy fría y excelentes cortes de carne prime y kobe. Les contaré el menú: de picar, tartare de carne kobe con trufas blancas, costillitas de cordero bebé con BBQ asiático, tartas de cangrejo de la nieve; de principales, lomo prime de Nebraska, langosta de Maine, Prime New York steak, entraña Kobe, lomo con hueso y costra de café, corn fed cornish hen, papas fritas de polenta, sweet potato fries, gratinado de manzana y  ensalada baby wedge con queso azul. En resumen todo muy bueno, un excelente ambiente. Calcular US$100.00 por cabeza, con aperitivos y sin vino.

Meat Market de Miami


Antes de dormir teníamos que trabajar, ya que nos habíamos traído desde Lima doce botellas de vodka Smirnoff (que me gusta por su triple destilado), un litro de vodka Absolut, seis botellas de pisco Cuatro Gallos mosto verde torontel, dos litros de Double Black, un litro de Chivas Regal y, por ultimo, un litro de Haig. Teníamos que cambiarlos de envase para poder camuflarlos dentro  de las maletas y poder meterlos de contrabando en el barco para el crucero por el Caribe.

El pisco lo pusimos en botellas de litro de agua San Luis que traje de lima; el Double Black lo puse en botellas de 400cc de té; el Chivas y el Haig, en un envase de jugo de guindones y todo el vodka en botellas de medio litro de agua sin gas. Como verán hicimos un magnífico trabajo. A cada botella le volvimos a pegar la tapa-rosca con Triz, ¡todo un arte! Se repartió el botín entre todos los presentes, el cual acomodaron celosamente en sus respectivas maletas.

Puerto de Miami



DÍA 2

Llegamos como al mediodía al barco, ya un poco entonados con un primera botánica que preparamos con jugo en el hotel. Los trámites de rigor, las maletas siguieron su curso aparte pasando por las cámaras o scanner: si no ven nada que quitarte (como licores, que está prohibido traer al barco… Los pendejos quieren que les compres todo el día los tragos), te dejan tu maleta en la puerta de la cabina. Caso contrario te la retienen y tienes que ir al cuarto piso en este caso, donde te piden que la abras. A partir de ahí te la juegas. En nuestro caso tuvimos mucha suerte: todas las maletas pasaron sin problemas, el único huevón fue el Choripán, mi sobrino, que metió cuatro litros de vodka en botellas de plástico en su mochila y fue… al primer control.   Felizmente los papás precavidos usaron la misma técnica que nosotros y pudieron pasar a mejor vida.

Quiero contarles dos cosas: la primera, que en principio esto no se debe hacer ya que está prohibido por las líneas de cruceros en general; y lo segundo, que normalmente no funciona ya que es una vieja técnica harto conocida por ellos. Nosotros lo hicimos por la timba más que por el ahorro (que la verdad es significativo, ¡en mi caso por nueve bocas!).

El Dawn, de Norwegian Cruise Line


El crucero es el NCL Norwegian Cruise Line ( más información en www.NCL.com ). Como comentario diré que es una línea de cruceros con un sistema inventados por ellos, que se llama Free Style y es un estilo de navegar con total libertad, con horarios muy ligeros y limitadas restricciones para que puedas hacer lo que quieras, como quieras, con quien quieras, cuando quieras. Con este modo de navegar puedes comer en diferentes restaurantes todas las noches, con quien quieras, a la hora que quieras y cuantas veces quieras. Son más de catorce los restaurantes de abordo, lo que lo hace mucho más relajado y agradable.

A bordo del Norwegian Dawn


Nos tocó un bonita suite con balcón en el piso once de este barco que se llama el DAWN y que no es de los grandes sino de los medianos, lo que a mi gusto está bien, ya que no tienes las 6,000 personas que cargan esos súper gigantes de más de 200,000 toneladas sino más bien, en este particular caso, 100,000 toneladas con 2,000 pasajeros y un ratio de 2 : 1 en tripulación versus huéspedes (lo que no está mal).

Esa noche cenamos en el VENETIAN - que es el restaurante oficial, por así decirlo - donde tienes un simpático menú con opciones que va cambiando todos los días, si te provoca usarlo en más de una ocasión. Lo interesante es que te puedes pedir, si quieres, los veinte platos de la carta: no tienes límite de cantidades o unidades (el límite es tu estómago).

Escaleras al Venetian Restaurant del Dawn

Menú: arúgula bebé con peras blue cheese y aliño pesto con piñones, fish cake, sopa de cola de buey, prime rib au jus con Yorkshire pudding y papas rostizadas, pechuga de pollo estilo Mediterráneo con espinacas, bacalao del Atlántico con portobellos y risotto de espárragos, manicotti de espinacas al parmesano; de postre, cheesecake de moca, rhubarba de fresas y sorbete de menta para el punto final.


DÍA 3

Este segundo día fue de navegación con destino a Samaná, República Dominicana, primer punto de destino donde arribaríamos 24 horas después.

Playa en la Bahía de Samaná


Bonito día, soleado. Hicimos deporte en el gym. Copioso desayuno buffet de medio kilómetro, con diferentes opciones para deleitarte los ojos y todo lo demás. Piscina y paseos por el barco.

De almuerzo: terrina de chanterelles, consomé de lentejas amarillas, ensalada  verde con bulbos de hinojo, pollo, scallopini, carré de cerdo BBQ, langostinos jumbo al coco, merluza al teriyaki, lasaña de tomate seco y greens. De postre: pastel de manzana, crema de naranja y sorbete de romero.

Cena en el BAMBOO (restaurante asiático muy bueno). Nos dieron como veinte platos diferentes, entre cocina de Shanghai, Bangkok, y Laos. Nombraré los que me acuerdo. De aperitivo: midori (que lleva Cointreau, jugo de lima y un splash de soda), los típicos dim sum (como los wantanes de verduras), cangrejo azul, spring rolls, costillitas BBQ y las lechugas rellenas de pollo picante tsos. Buenas sopas de huevo y la picante de cerdo, barbacoa. De pastas y arroces: los tallarines Singapur (que llevan curry amarillo), el arroz frito (que lleva varios tipos de carne) y el lo mein (fideos de huevo salteados con bok choy, pollo, cerdo, lomo, zanahorias, cebollas y pimientos). De principales: el mahi mahi al vapor con shitake y cebollas infusionadas con kion y aceite de ajonjolí, las conchas cantonesas, los camarones a la pimienta y limón, el moo shu pork (que se sirve en delgadísimos panqueques), el kung pao (que es pollo frito en wok con maní, ají picante y cebollas caramelizadas), el lomo a la naranja picante, las colas de langosta con verduras chinas y pimienta de Sechuán (picante), el tofu mapo con verduras en salsa de ajo oriental, el cordero lechal en salsa de cashews. De postre: la crème brûlée (hecha con té verde y kion), la tapioca de coco, la torta de chocolate a las cinco especias y, para el reviente de todos, pancakes de plátano caliente con helado de coco. En honor a la verdad, todo alucinantemente espectacular. Luego pasamos al  primer round en el casino, donde salimos bien librados en esta primera noche; empate técnico, diría yo.

Vista del Bamboo, restaurante asiático del Dawn



DÍA 4

Rutina mañanera: gym, jacuzzi, piscina, desayuno kilométrico para no perder la costumbre (con la variante que hoy, para no sentirnos culpables, comenzamos por las frutas y el cottage cheese, aunque igual pasamos por los huevos holandeses y las french toasts). Todo lo que tu imaginación desearía estaba al alcance de tu mano… perdón, de tu barriga.

Como a las once tomamos uno de los barcos de transporte del crucero y nos fuimos a una playa privada de apellido CAYO LEVANTADO. Los que querían podían tomar otro transportador e irse a SAMANÁ, paraíso de las ballenas jorobadas. También te ofrecen diversos tours, como un safari de aventura o ir a las Terrenas (que es uno de los más famosos destinos de vacaciones en República Dominicana). Éramos veinticinco los que formamos este simpático grupo y daré en esta oportunidad sus nombres de pila: Bernard, Cecilia, Margot, la Negra, la Gorda, José Américo, Chicharra, el Negro, Choripán, Rafael, Antonio, el Zombi, Patricia, Ig, Marlene, Eduardo, Claudia, Rodolfo,  Jose, 3D, 2D, 1D, Michelle y este su humilde narrador de cuentos de travesías.

Vista aérea de Cayo Levantado


Nos pegamos una super vacilada en la isla: la playa, el clima y el mar increíblemente buenos. Los tragos que bajamos preparados del barco caleta, de los mejores: chilcanos y vodkas orange comenzaron la fiesta; los rum punch, chelas presidentes y las piñas coladas complementaron la sazón matutina. Buena música y agradable conversación hasta las cuatro de la tarde, hora en que retornamos al barco a almorzar en uno de los tantos restaurantes. El menú: quiche de tomate y cebolla dulce con aliño de lima, sopa de maíz dulce con queso cheddar, ensalada griega, rost beef Angus con papas gratinadas y vainitas francesas, pierna de cordero rostizada al ajo, ravioles de hongos salvajes al pecorino. De postres: tiramisú de Khalúa, pye de piña y ¡sorbete de kiwi para la dieta! Café y buenos vinos complementaron el repas.

De cena esa noche, cocina francesa: asperges (espárragos) grillées, gratinée a l’ognion (sopa de cebolla), escargots bourguignonne (caracoles con mantequilla, ajo y perejil), moules paulette au Pernod (choros a la crema con licor de anís), coquilles Saint-Jacques provenzal (conchas con tomate, berenjena, piñones y aceite de oliva). Como principales: bouillabaisse de pescados del Mediterráneo, coq au vin (gallo cocido en vino tinto con champiñones y cebollas bebé), dúo de canard (magret de pato y pierna confitada con papas parisinas en salsa madeira), carré d’agneau roti (pata de cordero australiano cocida al horno y acompañada de alcachofas, zucchini y salsa de aceitunas verdes), filet de boeuf grillé (lomo a la parrilla con portobellos, queso roquefort, papas gratinadas y salsa de pimienta verde), homard roti au beurres (langosta en mantequilla con papas chateau y alcachofas). De tomar: french 75, que lleva Bombay Sapphire, lima, jarabe y champagne; o el clásico kir royale, que tiene champagne y crema de cassis.

Mesa de ruleta en el Casino del Dawn


Como no podía ser de otra manera, nos fuimos al casino del barco y les sacamos la ñoña. Balance final: Miti US$.800.00, J. US$.300.00, Rafa US$. 200.00 y VLL US$.300.00. Como estábamos contentos, nos fuimos a la discoteca del hotel hasta las cuatro de la mañana, al son de los 70, hasta la hora de decirnos buenas noches. (Me olvide de contarles que antes de dormir pasamos por el BLUE LAGOON, restaurante del barco abierto 24 horas, donde dimos cuenta de panini de prosciutto con mozzarella y unas chicken wings picantes muy buenas, lo que nos equilibró las ansias gourmet).

Blue Lagoon del Dawn



DÍA 5

Como todos los días, ejercicio en el gym: jacuzzi super caliente, piscina helada con agua de mar, masaje para el que le provoque y de vuelta al desayuno kilométrico, aunque me había jurado no comer nada calórico pero, como comprenderán, uno no se sube a un crucero a joderse el cerebro pensando en las calorías sino más bien todo lo contrario; así que nos empujamos de todo y, por cierto, lleno de calorías y sobre todo sin culpas… ¡Bienvenida la gordura!

Hoy nos tocó llegar a TORTOLA, que es la isla más grande de las Islas Vírgenes Británicas. Ofrece los mejores sitios para navegar a vela o a motor y su capital se llama Road Town (donde puedes conocer el museo Folk que posee artefactos de la época de la esclavitud en las plantaciones, así como reliquias de barcos piratas y de la armada inglesa). También puedes ir al parque nacional Mount Sage, en el que apreciarás árboles de mahogany, ear elephant vines, philodendrons y ferns (no olvidar que en esta isla se fabrica uno de los mejores rones).

Tortola - Islas Vírgenes Británicas


A las ocho de la mañana y como es usual, te dan el  día libre para que te vayas de compras o a una de las tantas playas paradisiacas que tienen para ofrecer. En el caso nuestro nos tomamos un taxi a una llamada Cane Bay Beach, donde se conjuga todo lo que te imaginas de esta parte del Caribe: arenas doradas, aguas cristalinas, palmeras por doquier, topless en sesión permanente, buenas piñas coladas  y el famoso conch fritters (una rarísima concha de las Bahama). Ahí pasamos relajados  prácticamente toda el día, retornando al barco como a las cuatro de la tarde para almorzar. Menú: tempura de hongos,  seafood chowder, ensalada nicoise, lomo strogonoff, cottoleta de cerdo milanesa, risotto cioppino (mariscos). De postre: soufflé de coco y sorbete de grosellas.

Hoy nos fuimos a ver el show del día al teatro del barco, la obra CATS (muy famosa pieza de Broadway). Cena en el VENETIAN RESTAURANT muy agradable y copiosa:  prosciutto con melón e higos, sopa de frijoles negros estilo cajún, ensalada de arúgula con zapallo rostizado, sirloin steak estilo latino, thai chicken y camarones , bacalo poché con vegetales y un burrito para terminar de reventar. De finale: tarta de limón y kion, pye de zanahoria y sorbete de lima, café y bajativos. Gran jornada en el casino con resultado catastrófico para el grupo, salvo dos que la hicieron (no fue mi caso). A dormir, previa pizza margarita ofrecida por el room service 24 horas.

Y así durmiendo rico y soñando, dejo aquí esta primera parte de la crónica caribeña. La concluiremos con una segunda parte por venir. No se vayan… ya regresamos. Bon appetit et bonne nuit, les enfants!

jueves, 23 de febrero de 2012

Los Roques, Venezuela

DÍA 1:
Salimos ansiosos de Lima pues nos esperaba un viaje de aventura que habíamos planificado con antelación los tres mosqueteros, que son cuatro (Flor, Michelle, Manolo y este humilde relator). El vuelo muy agradable, en business de LAN como siempre: ofrecen una atención como uno se merece, champán de bienvenida, un muy buen almuerzo y buenos vinos para rociar el gaznate.
El vuelo resultó corto, sólo cuatro horas de relajo y en compañía de Laura Pausini. Arribamos al aeropuerto Simón Bolívar, en esa tierra de mujeres hermosas, arepas, excelente chocolate, estupendo ron, queso, nata de chuparse los dedos, arañas monas (o comúnmente llamadas tarántulas), gusanos de seda y carne llanera en vara que nos habíamos prometido degustar a la primera ocasión.

Vista Aérea de Los Roques

Nos alojamos en el hotel Eurobuilding de Maiquetía, zona cercana al aeropuerto, ya que teníamos que tomar vuelo a Los Roques al día siguiente muy temprano y no valía la pena subir a la ciudad de Caracas (distante 45 minutos). Al poco rato apareció nuestro buen amigo Ernesto G. con una alforja (literalmente correcto) con cuatro enormes fajos de billetes de denominación de 50 bolívares fuertes, que nos cambió al doble de cambio oficial. Felices por la exitosa transacción comercial nos empujamos de a poquitos dos botellas de Pisco Viñas de Oro mosto verde que nos entonó como debía ser, para pasar luego al restaurante del hotel, donde pedimos unos simpáticos piqueos llamados por estos lares pasapalos (compuestos de carpaccio de lomo y atún, dedos de quesos, casabe con ajo, arepitas fritas y los originales tequeños). Aquí quiero hacer un pequeño alto y comentarles, para que se ilustren, que en este país es donde se inventaron los tequeños, que son totalmente diferentes de los que conocemos en lima. Aquí son de masa de a verdad y súper rellenos de un queso blanco que sólo se encuentra acá (cremoso como él solo y de inigualable sabor caribeño). Pan leñero, cerveza fría y otros piqueos más pusieron la buena nota antes de ir a descansar, que muy temprano comenzaba la aventura.

Tequeños Venezolanos
DÍA 2:
A las 7.30 estábamos todos tomando desayuno americano con un plus de lujo que nos había regalado Ernesto: nata caraqueña, que es crema batida antes de que se convierta en mantequilla, con su toque correcto de sal. Es deliciosa cuando la untas sobre arepas fritas y/u horneadas, o acompañada de carne mechada y caraotas o frijoles negros. Con pan caliente también se le rinde honores a este manjar.
Después de dar cuenta de este opíparo breakfast, nos dirigimos al aeropuerto auxiliar (distante cinco minutos del hotel) de donde salen todos los vuelos nacionales, para tomar un vuelo en avioneta hacia el archipiélago de Los Roques (a 45 minutos de vuelo y US$300.00 cocos por mitra el ida y vuelta). Acá les comento que sólo permiten un carry por persona, con un peso máximo de 10 kilos, ya que son todos aviones chicos (en nuestro caso fue un Islander de tres motores a hélice con capacidad para dieciséis pasajeros).
Viajamos muy cómodos en este corto vuelo, arribando al archipiélago que, geológicamente hablando, es relativamente joven ya que emergió del Mar Caribe hace apenas 15,000 años, y donde - como a las 10:30 de la mañana - nos aguardaba Ángel, nuestro valet asignado para el disfrute de estas vacaciones de cuatro noches y cinco días.

Croquis de Los Roques

Acá no hay autos, todo se hace a pie; tampoco hay hoteles, sólo posadas (sesenta) la mayoría de tres a seis habitaciones cada una, salvo un par que tienen como quince cuartos, pertenecientes casi todas a italianos que al parecer fueron los que llegaron por los años 70 y pusieron en onda este paraíso.
Habíamos reservado desde Lima dos suites con AC (muy raro en la isla), cable y todas las comodidades de ley, en la Posada Albacora (regentada por Mauro, un italiano afincado por estos lares) cuyo costo es de US$ 440.00 diarios por habitación; incluye alojamiento, desayuno, almuerzo ligero en la playa, cooler con bebidas y cervezas, la cena y los traslados en bote a las playas cercanas con sillas y sombrilla de carácter obligado, ya que el rey sol te saca la ñoña. Una vez instalados y, muy importante, Doña Michelle habiendo ya preparado el bar cooler con vodka Absolut, jugos, tónica, cerveza y harto hielo, nos embarcamos en nuestro primer paseo al cayo llamado Francisquises, que se compone de tres cayos: el de arriba, el medio y el de abajo. Cuenta con las mejores playas recreativas en el parque, y dista unos quince minutos en bote desde el Gran Roque.

Mar Azul y Catamarán en la Orilla


Una vez instalados con todas las comodidades playeras, nos dedicamos a conversar, bañarnos en una mar transparente turquesa con 28 grados de temperatura de agua, arenas blancas como el mármol de Carrara y muy buenos cocteles fabricados por Doña M, elegida nuestra bar woman oficial. Qué más les puedo decir… El tiempo estaba totalmente detenido, el disfrute era a toda máquina… Que vivan las vacaciones y que trabajen los hijos por nosotros!!!
Estando absortos y totalmente dedicados a no hacer nada, llegó un bote de pescadores con una gran canasta de langostas vivas que inmediatamente colocaron en una jaula dentro del mar, frente a un rústico y único restaurante que había a nuestro costado. Raudos y veloces nos dirigimos a escoger nuestro botín de kilo y medio para el próximo almuerzo a venir, del cual dimos cuenta acompañado de arepas, ceviche muy agradable de pescado local con ají, clásicos tequeños vene y cerveza bien helada para amenguar la fuerte temperatura que nos acompañaba. Les comentaremos que almorzamos excelente: la langosta no pudo haber estado mejor cocinada; todos sin excepción aplaudimos al cocinero de turno.

Pesca de Langosta con Nasa


Bien entrada la tarde regresamos a la posada, donde aguardaba una merienda acompañada de empanadas de cazón y té helado, que nos guió a una muy buena y reparadora siesta, preámbulo de unos aperitivos pactados con antelación y de una cena compuesta de carpaccio de atún al sésamo, pez espada al ajo con papitas nativas, crepes de plátanos y tinto de verano para alegrar la noche. Como quedamos más que satisfechos, salimos a caminar para hacer la obligada digestión en el Acuarela Bar, donde Baileys, cointreau y ron Pampero Aniversario pusieron la nota final a este primer día en Los Roques… A soñar y soñar que el mundo se va a acabar…

DÍA 3:
Nos levantamos muy temprano, todos súper deportistas y bien vestidos, con iPods, zapatillas y todo, para hacer jogging dentro de la isla, a la que le das la vuelta en media hora pero vale la pena el bis… Siguió un reparador desayuno americano caribeño de todo agrado para la concurrencia, sumándole la nata regalada en Caracas que nos la habíamos traído como tesoro escondido.
A las nueve y media de la mañana, con los cooles o cavitas como les dicen acá, nos volvimos a embarcar hacia otro cayo de nombre Noronquises (o paraíso de las tortugas), donde acampamos por algunas horas en una playa prácticamente desierta, sólo para bañarnos en estas cristalinas aguas junto a amigables tortugas, beber hasta tratar de perder la conciencia (lo que nadie pudo cumplir) y no hacer más que conversar y planificar nuestro próximo viaje fijado para mayo si Dios nos lo permite.
Como a las dos de la tarde nos volvió a buscar la lancha para llevarnos a almorzar a otro cayo de apellido Madrisquí, donde buscamos a Juanita (la dueña del restaurante local) para volver a almorzar gran langosta a la plancha, pescado frito y algunas guarniciones de rigor, sumando un vodka Belvedere polaco de 50° que habíamos llevado y que nos puso en fa.

Madrisqui

Regresamos a la posada ya bien entrada la tarde y, al llegar, nos ofrecieron de merienda arepas de queso y la famosa reina pepiada (que es un potpurrí de varios sabores perfectamente balanceado). La cena estuvo compuesta de unas berenjenas fritas al pomodoro buenísimas, de plato principal un excelente pescado a la plancha con verduras salteadas con panceta, y de postre flan de maracuyá. Nuevamente todo estupendo… A dormir los angelitos, o los diablitos diría yo…


Reina Pepiada

DÍA 4:
Lo mismo del día anterior: caminata y buen desayuno reparador, cooler con Grey Goose alistado por nuestra bar woman Doña M. Partimos nuevamente a la isla del primer día por dos razones: la primera, que estaba ventoso como para ir a una más lejos y, la segunda, porque el primer día, por falta de información, nos habíamos perdido una piscina natural a la espalda de donde acampamos, llena de corales y peces de muchas especies, en la que buceamos en esta oportunidad provistos de los equipos necesarios. Nuevamente y por tercer día consecutivo dimos cuenta de langosta de más de dos kilos (a la plancha), calamares fritos, ensalada de papas con aceitunas y alcaparras y chelas súper heladas. Buena siesta como a las tres de la tarde, que fue mi peor error ya que nos echamos a la sombra de un manglar y les dejé la mesa servida a los mosquitos locales (famosos por su potente picadura y veneno). Me atacaron en la boca, la cara, la calva, los brazos, las piernas… es decir, más de veinte o veinticinco picaduras que no me dejaron dormir toda la noche de lo doloroso. Al menos me queda el consuelo de saber que los envié bien mamados al más allá. Y no fui el único: a Doña M la atacaron pero en menor escala que a este mártir su humilde y adolorido relator.
Les relataré que me sorprendió - camino al muelle, por la mañana de ese mismo día, antes de partir al cayo - la cantidad de avionetas privadas de todo tamaño que vimos en el pequeño aeropuerto y que inmediatamente relacionamos con más de una veintena de catamaranes, veleros y yates (todos de gran calado: el más pequeño de cuarenta pies) que encontramos anclados en la playa… Qué tales millonarios estos panas!!! Se sumaba una súper fiesta organizada por la Coca-Cola local, que había traído unas cien personas en dos enormes catamaranes de más de setenta pies. Mismo Asia: música, juerga, masajes y juguetes acuáticos dieron el toque folclórico a este memorable día.

Muelle en Los Roques


Por la noche volvimos a cenar en la posada: pasta corta a la matriciana con buen grana padano, pargo al limón con col salteada en pimienta al demi-glace, torta caribeña, vino español reserva de nombre Albalí de Valdepeñas (best buy 2010 Wine Spectator) y café corto.
Aprovechamos la noche estrellada para irnos a pasar un rato agradable a uno de los lounges locales llamado Café Art, endroit frente al mar, rodeado de cocoteros y muy buena onda, como para beber un buen digestivo (en este caso Buchanan 18 años y Ron Pampero Aniversario que puso la cereza al pastel, como diría el maestro de maestros el chef Escoffier). A jatear rico como me gusta, cuarto helado a 19°C, cable con buena onda y doña M. bien calentita!!!

DÍA 5:
Amaneció increíble, un cielo azul, así que optamos por comenzar el día con un poco de ejercicio y un desayuno contundente: jugo de frutas, arepas rellenas de carne mechada de pollo y queso, huevos jugosos y buen pan de la panadería local, internet obligado y, al medio día, nos fuimos como de costumbre a la playa en bote local. El día fue estupendo: súper sol, playa de lujo, arena de mamey, buenos mojitos, tostones, langostinos al ajo y una cazuela de mariscos que completó el paseo. Por la noche, sopa de auyama con hilos de queso local, arrebozado de pescado con papas cremosas y flan caribeño nos completaron este buen día, luego de lo cual procedimos a embadurnarnos con repelente para pasar la noche frente a los batallones de kamikazes que no respetan ni a su madre!!!

Flan Caribeño o de Coco


DÍA 6:
Amaneció muy soleado y dimos el paseo matutino como de costumbre pero a paso de conversación. Recalamos en el kiosco local, donde dimos cuenta de unas empanadas de queso y carne que, bañadas en una crema picante, terminaron por ponernos a mil por hora. Siendo las ocho de la mañana, llegando a la posada, nos informaron que el vuelo había sido adelantado para las once de la mañana en vez de las cinco de la tarde, hora en que teníamos programado regresar a Caracas. Esto nos obligó a postergar la langosta de tres kilos reservada con antelación, así como el último paseo: baño de mar al cayo Vapor, donde nos íbamos a bañar como nos trajo mi mamá a este mundo. Para mitigar la frustración de este adelanto de planes nos compramos unos polos llamados franelas por estos lares, que pusieron de muy buen humor a toda la tripulación.
El vuelo, muy agradable y a la vez corto. Llegamos a la capital antes del medio día y bajo mi dirección tomamos el bus socialista que te lleva del aeropuerto a la ciudad, en este caso al Alba Hotel (ex Hilton, expropiado por el gobernante de turno), por diez bolívares o dos dólares americanos por mitra. Tomamos un taxi por setenta bolívares (o menos de diez dólares) al Gran Meliá Hotel, donde teníamos reservadas por los próximos dos días dos estupendas habitaciones, por la friolera de US$270.00 por habitación, si en caso les interesa venir.

Restaurante del Hotel Gran Meliá de Caracas


Después de tomar unos buenos Bloody Mary (no mejores que los que prepara mi amigo Eduardo C, pero muy buenos) en el bar del lobby del hotel y una vez pasados por los trámites de rigor del famoso check-in, relajamos los nervios, guardamos las maletas y nos fuimos a almorzar al Lee Hamilton, restaurante situado en la Av. San Felipe, esquina El Bosque, en La Castellana, buena zona. Comimos como los dioses, lo que pasaré a relatar, pero no sin antes comentarles que en este país la carne es una institución; es Buenísima con B mayúscula. Una vez instalados, nos trajeron unas empanaditas acompañadas de una jalea picante y un queso blanco llamado telita para amenguar los nervios. Enseguida los aperitivos, en este caso whisky y vodka, que te los sirven que parecen triples!!! Nos regalamos con un New York steak o bife ancho y una punta de cuadril también llamado punto trasero. Tengo que comentarles que vivimos el paraíso a cada bocado, qué tal placer saborear esta carne local! La acompañamos de yuca frita y sancochada, ensalada verde César, dos raciones de nata, sendas papas verdes gratinadas, morcillas, chorizos y, para regar la cancha, vodka y scotch. Precio por estos manjares: US$200.00 por los cuatro (cambio paralelo). Regresamos al hotel para encontrarnos con Ernesto y decidimos quedarnos disfrutando de las instalaciones de este magnífico hotel mal ubicado (a nuestro juicio), charlando hasta bien entrada la madrugada.


Blanquísimo Queso Telita

DÍA 7:
Nos despertamos temprano, nos pusimos nuestros atuendos deportivos y descendimos al nivel L3 en el que está el Spa Gym, junto a la piscina y al restaurante donde se toma el desayuno. A lo lejos divisé a Manolo y Flor ya disfrutando de los manjares locales: carne mechada, caraotas negras, pescado asado, huevos al gusto, arroz, pastelitos de queso de mano o de jamón, frutas de todos colores, fiambres y quesos multicolores y de diferentes texturas, pastelería diversa, jugos de guanábana, melón, sandía, naranja, parchita, varios tipos de sabores de té y café… en fin, todo un señor buffet con algunos manjares adicionales que no recuerdo por el momento. Cometí el error de picar un pequeño pastelito que estaba tan bueno que no me pude detener y seguí comiendo, lo que dio como resultado que jamás llegáramos al gimnasio; sólo paseamos nuestra ropa deportiva por el hotel. Nuestro amor por la cocina pudo más y a buena hora!
Como a las once de la mañana nos tomamos un tour en una camioneta blazer con chofer y guía particular para los cuatro, por la suma de US$150.00. Te pasean por toda la ciudad, el centro histórico, la casa de Bolívar, la Catedral, la Plaza Mayor y otros pintorescos sitios de interés, durante aproximadamente tres horas y media.

Casa del Libertador Simón Bolívar


Decidimos no almorzar para salir a cenar. Sólo picamos unas arepas bolivarianas, que las llaman así porque las venden en unos camiones acondicionados como restaurantes de paso (construidos por el gobierno de Chávez), a precios populares para joder a los empresarios particulares: las venden a siete bolívares en vez de treinta que valen en los diversos negocios por toda la ciudad. No son malas pero tampoco son buenas y tienen la mitad de tamaño y de relleno que las otras. Las hay de salchicha, chorizo, queso, jamón, carne mechada de res o pollo, reina pepeada, de cazón y de perico (que es huevo revuelto con cebolla y tomate) y de otros sabores más.
Como había tiempo nos fuimos al super market a comprar vituallas para llevar a Lima y poder convidarles a los amigos las buenas cosas que tienen por estas tierras. Compramos varias cajas de tequeños de masa y de hojaldre (que se encuentran en el freezer del hotel esperando ser transportados a Lima), natas, mozzarellas, sueros con sal, quesos locales, morcillas, chorizos, chocolates, enlatados de mar, salsas picantes y dulces, harinas para hacer arepas y empanadas, café local y otras delicatessen que darán la fiesta este fin de semana en la playa.

Cachapas de Jojoto


Nos fuimos a cenar (después de tomar unas copas en el bar del hotel) acompañados por Ernesto, su hijo y su simpática enamorada, al Alazán - otro restaurante de carne - ubicado en la Av. Luis Roche, en la Quinta El Remanso, Urbanización Altamira.
Paso a relatar el menú. De piqueo: plátano maduro con queso al horno, nata coriana, queso con cachapas, arepitas fritas y de horno, casabe con ajo, morcillas, chorizos, cachapa de jojoto (que es como una humita salada). De fondo: T-bone, lomito piece, entrecote de solomo, churrasco de solomo (bife de chorizo), ración de congrí (que es arroz con frijoles negros), yuca y dos tipos de ensaladas. De postre: helados y torta. A todo esto le sumamos una botella de Etiqueta Negra. Todo por la friolera de poco más de US$350.00, lo que nos pareció muy razonable comparado con los precios de Lima.
Si comparo estos dos restaurantes de carne entre sí, me quedo con el Lee Hamilton por su calidad de carne, a pesar de que en el segundo hay más ambiente y los piqueos son mucho mejores que en el primero de los mencionados.

Típico Congrí


DÍA 8:
Hoy me voy al mercado local para las compras gourmet finales y a tomar un desayuno típico de pueblo caraqueño, previo platico venezolano en el restaurante del hotel: caraotas negras, carne mechada, arroz blanco, pan, mantequilla y jugo de sandía, que acabo de consumir por si me faltaran fuerzas para la misión que tengo que emprender… Qué dura es esta vida…
Llegamos al municipio de El Chaco, en la zona Este de la capital, manejado por la oposición en persona del alcalde: ¡qué tal diferencia! El mercado limpio, ordenado y muy bien abastecido. Se compró lo que tenía que comprarse: más comida para llevar, piqueos para apaciguar el alma, y nada más porque hay que regresar al hotel a preparar las maletas que el vuelo sale al finalizar la tarde. Nos despedimos de estas tierras llaneras llenas de buenas amistades, muy buena cocina regional, hermosos paisajes y playas de ensueño, entre otras virtudes y, sobre todo, hermosas mujeres… aunque menos guapas que las nuestras!!!
Buen Apetito!!!

domingo, 11 de septiembre de 2011

Miami


DÍA 1

Partimos en LAN, como siempre, el miércoles 10 de agosto en un vuelo muy cómodo, pues sale pasado el medio día para llegar bordeando las siete de la tarde, lo que te permite tener un buen horizonte para la primera noche latina en esta ciudad.

Como de costumbre tomamos la Business, que tiene una muy merecida fama por la calidad de su servicio a bordo (que considero es una de las mejores del orbe): buenas copas de cava nos ofrecieron cuando entramos a la cabina, las cuales complementaron los vodkas orange del VIP del Jorge Chávez (como verán, comenzamos temprano!!!).

Vista Aérea (como debe ser) del Aeropuerto de Miami

Muy buena comida a bordo y una reparadora siesta horizontal sazonaron este agradable trayecto de casi seis horas para arribar al Miami International Airport donde, felizmente, nos tocó buen servicio de inmigración y aduana (lo que se tradujo en poco tiempo de espera, pues es re-harto conocido y lo puedo fedatear, que es un rush que te puede demorar hasta tres horas si estás de malas).

Nos instalamos en un cómodo departamento que habíamos alquilado y nos fuimos de periplo a Lincoln Road en Miami Beach, precisamente al SUSHI SAMBA en 600 Lincoln Road Miami Beach ( www.sushisamba.com ), T: (305) 673-533, local que mezcla la cocina brasileña con la japonesa y la peruana, y que tiene un éxito bárbaro! Con capacidad para 250 personas en su interior y un border walk (terraza) para otras 200 personas más, lo tienen de bote a bote con ventas anuales de alrededor de 25 millones de dólares.

Salón del Sushi Samba en Lincoln Road

Previos Blacks en la barra mientras aguardábamos nuestra mesa, disfrutamos de la buena música del DJ local. El menú estuvo bueno: nos trajeron unos shrimp balls perfectamente bien apanados con una mezcla de harina de maíz y panco y con aguas mineral y natural, que le da un crujiente espectacular; lo acompañó una mayo oriental. También picamos unos mini tacos de atún sellado picado con juliana de rabanito y una espuma de ají panca que merecieron elogiosos comentarios de la concurrencia (éramos ocho puntas).

De platos principales o main courses (como dicen en gringolandia) pedimos unos anticuchos de pescado agradables, surtidos de rolls (algunos rellenos de langosta) y un par de parrilladas mixtas: como verán, habíamos cenado cocina peruana, japonesa y brasileña! Costo por ocho personas, incluido 15 % de tip: US$ 650.00.

Lincoln Road

A la mañana siguiente: cerca de nosotros hay una bodega cubana donde te preparan sánguches al momento. Allí nos regalamos uno de roast beef y otro de pavo que estaban geniales, rellenos de todo lo que te puedas imaginar si es que te provoca así pedirlos: muy sabrosos por cierto y sobre todo duermen a la boa por un buen rato.


DÍA 2

Nos dirigimos a Biscayne Boulevard, donde teníamos una cita para ver un  local en la milla dorada de esta zona, razón por la cual - en principio - habíamos viajado a esta ciudad, con la finalidad de estudiar la posibilidad de montar un restaurante peruano moderno, con onda, buena música y cocina de primera of course!

Americanísimo Burger & Beer de Miami

Terminadas las primeras diligencias de rigor en este tipo de negocios (que incluyó citas con el land lord), nos fuimos a almorzar a un restaurante de Brickel de apellido BB (que significa burgers and beer) en 900 S. Miami Ave. 130 S. Brickell ( www.burgerandbeer.com ), que en español es hamburguesa y cerveza, y en el que en un ambiente muy típico americano te ofrecen una carta llena de propuestas de distintas combinaciones de hamburguesas con diferentes guarniciones, maridadas cada una con cervezas de todas partes del mundo: no faltaba nuestra querida Cusqueña.

BB Sally Mustang

De aperitivo nos pedimos un tempura, por así decirlo (muy light de masa), de vainitas delgadas, que viene en un balde acompañado de una mayo con aceite de trufas. Sólo les comentaré que este piqueo es un acierto, un gol de media cancha. Nos pedimos la Sally Mustang que, además de excelente hamburguesa de Angus, trae prosciutto, confitura de cebolla y las clásicas guarniciones, más unas papas con piel crocantes. Yo pedí la French Connection, que estaba hecha de carne picada a cuchillo Kobe con un pedazo de Foie Poêlé (hígado de pato fresco sellado a la sartén), trufas negras laminadas, unas papas fritas en aceite de olivo y una salsa bearnaise, más una ensalada local: todo en conjunto muy bueno pero enormes las porciones, así que cuidado si van; es mejor pedir dos como para tres personas, y recuerden: no es barato ya que son signature restaurants donde la calidad y creatividad priman, por tanto cuesta; no están yendo a un Burger King.

Fachada de PF Chang´s en Mary Brickell Village

Como en la tarde sólo teníamos una cita a la cual acudir, se terminó temprano la chamba; nos dio tiempo para pasar por Costco para abastecer la refrigeradora del depa con buenos jugos, cremosos yogurts, finos quesos, suaves panes y todo lo rico para no entrar en crisis… Esa noche nos llevaron unos amigos a un restaurante de cadena de cocina china: PF CHANG'S, Mary Brickell Village 901 S. Miami Ave. Suite 104 ( www.pfchangs.com ), también en la zona de Brickel que tiene mucha onda (financiera y de negocios de día, y de vacilón nocturno por las propuestas que ofrecen allí). Hay que reconocer que la cocina china americana es diferente a  la fusión  cantonesa – peruana a la que nos tiene acostumbrado el Perú, pero no deja de ser interesante y sabrosa también; y si recalas en un buen local de prestigio como éste en el que estamos, la pasarás muy bien.

Preparando Enrollados en PF Chang´s

Pedimos unos wantanes muy buenos, unos enrollados (hojas de lechuga ice) - que tú te preparas con pollo y especias - y unas tortillas de arroz tipo tacos que vienen con una  panceta de cerdo, cashews, verduras chinas y salsa hoisin. De principales: arroz chino, langostinos dinamita (apanados y embadurnados de una mayo picante), langostinos a la naranja, pollo con abalones y verduras, spring rolls, fideos crocantes y algo más que no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que sobró tanta comida que nos la llevamos y dimos cuenta  de ella al día siguiente a la hora del lonche, quedando todos muy contentos ya que el calentao funciona muy bien con este tipo de comidas.


DÍA 3

Salí temprano al Publix, donde hice preparar una especie de submarino gigante en un suave pan de granos tipo baguette relleno de pavo, jamón, roast beef, queso suizo, lechuga, tomate, pickles, jalapeños, aceitunas, cebolla, mostaza, mayonesa y aliño de ensalada que, la verdad, no sé cómo hacen para que cierre el bicho pero lo hacen, y te lo cortan en este caso en tres porciones iguales (que aprovechamos en el desayuno con un riquísimo jugo de naranjas de la Florida).

Exterior del Baires Grill en Lincoln Road

Esa mañana teníamos una cita con el probable  contratista – constructor que se ocuparía de nuestro proyecto, cita con la cual cumplimos a cabalidad. Al final de la primera mitad del día nos invitó a un restaurante de carnes argentino, del cual él es uno de los propietarios: BAIRES GRILL en 1116 Lincoln Road - Miami Beach ( www.bairesgrill.com ). Después de visitar las instalaciones, nos sentamos a la mesa con unas copas de vino y una fuente de empanadas hechas a la parrilla y rellenas de cebolla, de jamón y queso, de espinacas a la crema, de carne de res, de carne de cerdo, de maíz... en fin, un potpurrí muy bueno por cierto y altamente recomendado.

Delicia del Baires Grill con Chimichurri

De fondos los pedidos fueron variados: en mi caso, entraña americana con ensalada y papa  Idaho al horno; otros pidieron vacío, bifes y milanesas de carne. Varios tipos de papas, guarniciones y un excelente capuccino complementaron esta magnífica restauración. Desde aquí agradezco a Manolo Rojas, nuestro anfitrión de primera: todos salimos muy contentos y  felices comiendo perdices y todos los dices...

Volvimos al trabajo toda la tarde para dar cuenta luego del saldo del chifa del día anterior a la hora del lonchecito, como lo comenté en el día dos de este relato gastronómico para, bien entrada la noche, salir de nuevo a Lincoln Road en Miami Beach (donde habíamos visto un local cerrado en alquiler que despertó nuestra curiosidad por si cambiábamos de opinión y en vez de comenzar nuestra aventura en los Estados Unidos en la zona de Biscayne, nos lanzábamos por la puerta grande en la Meca). Después de pasear y dar vueltas por todas las cuadras, nos sentamos en un restaurante que nos llamó la atención, de nombre MEAT MARKET, en 915 Lincoln Rd. Miami Beach ( www.meatmarket.com ) - recomendado por la guía Zagat - que, a pesar de la hora (11pm), estaba full. Nos tocó como una media hora de espera, la que pasamos muy entretenidos en la barra con muy buen ambiente y agradables aperitivos. Ya en mesa nos pasaron la carta, que estaba de película no sólo por sus propuestas - que son de una calidad indiscutible - sino también por sus originales salsas y acompañamientos.

Espacioso Meat Market
De aperitivos, unos obligados Grey Goose. De cenar compartimos un 20 onzas de American Kobe Beef Rib Eye de la granja River Snakes Farms de Idaho (de factura extraordinaria), acompañado de una salsa muy agradable. También se cenó un 32 onzas Center Cut Porterhouse Steak con una salsa original llamada la Atómica (de rábano picante y trufas). Sólo diré que la carne parecía un jumbo jet!!! Una papa gigante llamada meat market bake potato (que viene con tocino, crema batida y varios gadgets más), un puré de papas trufado y ensaladas originales completaron el festín. De beber tomamos uno de los mejores tintos de Nappa Valley (que hizo el perfecto maridaje). Para terminar este relato les comentaré que no es un restaurante de carne barato pero, como sostengo, la calidad cuesta aquí y en la cochinchina.

Porterhouse Steak

DÌA 4

Esa mañana y casi toda la tarde la dedicamos a las compras en el Dolphin Mall, que es muy surtido y tiene buenas ofertas si tienes la paciencia necesaria para buscarlas. Aprovechamos un break esa tarde para regalarnos en el Food un mix de comida china e italiana que cumplen su función y ahí nomas.

Por la noche habíamos quedado para cenar en el CHART HOUSE, en 51 Chart House Dr., la marina de Coconut Grove ( www.charthouse.com ). Este local es un restaurante emblemático de los años 80, famoso por sus prime ribs al horno, su impresionante salad bar, sus Martinis y su diseñadas entradas y guarniciones. Tengo que contarles que por segunda vez me llevé una decepción mayúscula: las carnes llegaron sobrecocinadas, no hubo forma de cambiarlas; las papas al horno se agotaron antes de... en fin una mala experiencia. Salvo los tragos, mi recomendación es que no vayan nunca a este local; es un desastre.

Chart House

Aquí acaba la primera parte de este relato. Mañana tenemos vuelo a Philadelphia por la tarde, atendiendo a una invitación de una gran corporación americana que se llama GIORGIOS y que tiene como pedigrí ser la más grande compañía productora de champiñones de USA: producen 140 millones de libras de champiñones frescos al año, con operaciones también en Polonia, La India y China... pero será materia de otra crónica.

Buen Apetito!!!! 

domingo, 21 de agosto de 2011

Cuatro Días de Junio en Madrid


Llegamos como a las tres y media de la tarde a Barajas procedentes de Vigo, con la suerte de haber hecho este corto viaje de poco más de una hora con muy buen clima y felizmente en Business (a esta edad ya no se puede volar en Chicken Class) donde la vida se mira con una mejor perspectiva.

Aeropuerto de Barajas

Ya nos estaban esperando en  nuestro piso en Mirasierra con muchas cosas ricas como la última vez: langostinos frescos cocidos al vapor, jamón de bellota cortado a cuchillo, queso brie trufado con trufas del Perigord (valga la redundancia), lomo embuchado, mini fuet de muy buena factura, salchichón Joselito, la infaltable tortilla de patatas a la española y dos espigas de un pan extremadamente crujiente que amainó nuestras angustias culinarias, ya que en los aviones es muy difícil (no digo imposible) poder comer algo decente sin que lo recalienten hasta el punto de aniquilar lo que piensan que es comida gourmet.

Trufa Negra o de Perigord en Estado Natural

Como habíamos quedado en cenar con unos amigos, pactamos encontrarnos a las nueve y treinta en un restaurante llamado Nina, en calle Manuela Malasaña 10, donde para la espera se ordenó:

Berenjenas crujientes, marinadas en leche y miel (vienen acompañadas de salmorejo).
Croquetas de Cabrales sobre zócalo dulce de membrillo.
Surtido de rollitos orientales especiales de la casa.
Milhojas de queso de cabra, gelatina natural de tomate y albahaca, anchoas del Cantábrico y vinagreta de verduritas.
Ensalada de ventresca de atún del Mediterráneo con aceite de gambas, tomates, pan inglés tostado y bouquet de brotes verdes.

Restaurante Nina

Cuando la mesa se completó con los diez comensales pactados, se procedió a ordenar los fondos:
Ensalada de bacalao en láminas sobre muselina de patata, pisto tradicional y salsa ligera de ajo.
Salmorejo  cordobés con aceite Baena y huevo de codorniz relleno de pasta de sardina.
Wok de verduritas salteadas con sésamo y soya.
Carpaccio de solomillo de buey con salsa francesa, pan de ajo y helado de aceite de oliva.
Lubina sobre hojaldre con cebolla caramelizada y casse de tomate con orégano.
Carré de cordero lechal relleno de butifarra fresca y trufa negra en salsa de oporto y ciruelas (esto pedí yo).
Solomillo de buey a la parrilla con sal gorda, patatas tradicionales y pimientos del país.
Mollejitas de lechal salteadas al ajo con habitas baby, huevo poché y brochetita de gambón con sal ahumada.
Ravioles rellenos de pesto y trufa negra al vapor con aceite de orégano y olivas.
Postres ligeros para terminar con maestría  esta copiosa cena descrita.
Tarta de queso al estilo New York.
Tatín de manzana caliente con helado de vainilla.
Espuma de chocolate blanco con fruta de la pasión.
Tarta de chocolate con chocolate caliente.
Cafés, aguas minerales, gaseosas y dos botellas de vino.

250 euros por las 10 personas, un regalo. Vayan, la van a pasar bien. Antes de dormir unos ricos chocolatitos suizos para calmar los nervios.

La Moraga, Espacio de Dani García, en El Corte Inglés

A la mañana siguiente Michelle y el que escribe nos fuimos a tomar desayuno a Lamoraga, que es un pequeño gastrobar dentro del Corte Inglés localizado en Goya (solo hay siete: tres en Marbella y tres en Málaga). Estos pequeños locales están situados dentro de la sección gourmet de las tiendas y la pequeña carta está dirigida por Dani García, un cocinero español poseedor de una estrella Michelin y uno de los padres de la cocina con nitrógeno (lo conocí en Mistura). Nos pedimos una mini hamburguesa de rabo de toro (que siempre la pedimos), unas papas aliñadas y dos buenos finos bien fríos. Nada más para comenzar el día.

Como este local está situado dentro de la sección gourmet ya se podrán imaginar mi canasta de productos para llevar a Lima:

5J Sánchez Romero, Joselito y Carrasco, más un nuevo elegido de procedencia extremeña en jamones, fuet de varias casas, secreto Ibérico,  foie gras mi cuit, sales del mundo, aceites sin filtrar, lacón, queso brie con trufas (entre otros), angulas, pulpo gallego, anchoas de las mejores… Solo para terminar en esta primera pasada: 750  euros.Todavía me falta una tienda gourmet de Madrid más el Hipercor o el Mercadona, lo que me quede más cerca.

Mini-Hamburguesa de Rabo de Toro en La Moraga

Como en España los zapatos son buenos y están en una crisis de PM, compramos algunos pares para matar el tiempo mientras aguardábamos a unos amigos para almorzar tarde (4 PM). 

Nos fuimos a un sitio muy de moda donde es difícil conseguir mesa. Se llama Bar Tomate, con dirección Fernando El Santo 26. Pertenece al Grupo Tragaluz, que tiene un imperio de locales (15) en  Madrid y Barcelona, como los conocidos Mordisco, Tragaluz, Principal,  La Xina, Bar Lobo, Agua, Moovida, etc. (recomiendo entrar a su web www.grupotragaluz.com). Precisamente por la hora no hubo problemas para entrar a disfrutar en calma de una buena botella fría de verdejo para amainar los 30 grados que hacía afuera. Como no podía ser de otra manera, ordenamos pan con tomate en rama que estaba mucho más sabroso que el pan tomaka catalán: no lleva ajo, su tomate es más suave,  es de rama y el pan casi no tiene miga (es crujiente y viene tibio); unas croquetas variadas de cepes con aromas de trufas, pollo y de jamón, más unas papas Buthan que vienen con guindillas y pimientos. Costo por cuatro piqueos y vino: 50 euros. No se pudo almorzar: la cocina estaba cerrada por la hora (solo piqueos).

Carta del Bar Tomate

Afiche del Bar Tomate

Me olvidaba de comentarles que camino al Bar Tomate pasamos por la Cervecería Santa Bárbara localizada en la plaza del mismo nombre.  A lo mismo: a beber un par de buenas copas para el calor que empieza a calentar demasiado las tardes madrileñas.

Esa noche teníamos plan para salir a cenar a un buen restaurante localizado en La Castellana, pero no da el cuerpo así que nos hemos comprado un poco de lacón cortado a cuchillo, dos buenos quesos franceses, una tortilla de cebolla más un foie mi cuit: nos vamos a casa a disfrutar y aprovechar para escribir un poco... Hasta mañana los pastores!!!

Anchoas de la Familia Sanfilippo

Nos hemos levantado sin prisa esta mañana, sin plan alguno por cierto más que disfrutar del buen clima, pasear por las calles madrileñas llenas de sabor e historia… y veremos dónde recalamos para jantar.

Salimos  con la intención de ir al Museo del Prado aparte del paseo convenido, pero hicimos una pascana previa donde Sweet & Salty en el 87 de Ortega y Gasset, un pequeño gastrobar del Sr. Antonio Franco (vasco como yo) con quien entablamos una muy simpática relación amical. Primero nos tomamos unas buenas copas de verdejo con una tapa de una longaniza ibérica producida por la familia Flores (que desde ya recomiendo buscarla y comprarla si tienen la oportunidad: es muy buena). Yo tuve la suerte que él me la vendió de su stock, al igual que unas anchoas del Cantábrico de nombre Sanfilippo (37 euros x 100 gramos), que es una semiconserva que pertenece a una serie limitada compuestas de una cuidada selección de materia prima con una guarda de tres años y medio antes de salir a la venta. Supuestamente entre las dos mejores de España (echarse a buscarla).

Un Ambiente en la Arrocería St. James

Llegamos a las tres de la tarde a la Arrocería St. James, un clásico madrileño ubicado en la calle Juan Bravo 26 (tienen otros tres locales: el de Núñez de Balboa, el de Rosario Pino y el de la Av. Casa Quemada), donde teníamos mesa esperando. Primero nos comimos de aperitivo unas aceitunas verdes deshuesadas que parecían pelotas de ping pong por el tamaño, y unas pequeñas croquetas locales. Como es de esperar y su nombre lo indica, la especialidad de la casa son los arroces y les hicimos honor: se pidió de entrante uno seco de nombre arroz montañés, que tiene liebre, caracoles y setas y que les tengo que recomendar vivamente pedirlo cuando pasen por alguno de estos locales… Sencillamente espectacular; la carne de liebre muy tierna, el arroz bomba en su justo punto, los caracoles de película y sobre todo de sabor insuperable. De principal se ordenó un arroz meloso de nombre marinero, que viene con mariscos y cigalas y que cumplió el fin para el que fue encomendado.

Los arroces solo salen para dos personas, así que tomen sus precauciones para que no les sobre comida como nos pasó. Felizmente en casa tenemos audiencia. Precio por cuatro personas con dos botellas de vino: 180  euros.

Cigalas

Regresamos a casa después de almuerzo para decidir un plan nocturno y en pleno consenso nos fuimos al Restaurante La Ancha, que queda en Príncipe Vergara 204 y tiene un segundo local en Zorrilla 7, también un clásico madrileño con una clara especialidad: las Escalopas Armando, que no es otra cosa que un gigantesco – créanme: gigantesco en todo el sentido de la palabra - apanado híper delgado y crujiente de ternera al que acompañan de  cebolla frita y papas a la crema dentro de una fuente de al menos 50 cm de diámetro.

Llegamos como a las 11 de la noche y dimos paso a aperitivos y a principales como los siguientes:

Salmorejo cordobés.
Chipirones encebollados.
Sesos rebosados con cebolla frita.
Tres escalopas Armando.
180 euros por 5 personas, incluido helados, copas de vinos, cerveza, gaseosas y café.

Restaurante La Ancha, en Príncipe de Vergara

Salimos de compras gourmet al Hipercor donde nos fue literalmente imposible, ni siquiera remotamente, cargar con las compras de viaje (las enviamos a casa mediante un servicio a domicilio): jamones, quesos curados, semicurados, de oveja, de cabra, franceses de diversos estilos, choros crudos, tentáculos de pulpo cocido, bacalao fresco, aceites de olivo de diferentes cepas, enlatados de toda índole, salmorejo, chorizos, lomos embuchados, fuet, lacón, jamón de cerdo ibérico fresco, morcillas, empanadas, pasteles salados y no sé que más que ni me acuerdo. Calculo unas dos o tres maletas para poder llevar todo este festín a Lima. Allá la aduana será otra historia; supongo que será como siempre: todo irá bien, así que vayan preparándose los habitué para un próximo domingo en casa (!!!) ya que el lunes empiezo una dieta estricta para bajar los 5 kilos que me he subido y cerraré la despensa hasta nueva orden.

Lacón Servido

Como de costumbre hicimos plan para almorzar y el elegido fue La Gabinoteca, ubicado en  calle Fernández de la Hoz 53 (www.lagabinoteca.com). Llegamos a las tres de la tarde, hora pactada por todos. Al sitio vale la pena darle una mirada por la web; tiene un concepto novedoso, así como su comida y el estilo como la sirven. Incluyo los vinos, los cuales elijes de acuerdo a tu estado de ánimo.

Éramos mis dos hermanas, Michelle y yo, y elegimos picar:

Foie crema catalana (viene en un pocillo como una creme brulée más manzana caramelizada).
Tomates verdes de Almería con escamas de sal inglesa.
Ensalada de hojas verdes mini con queso blanco y aliño de casa.
Huevo, patata y trufa (viene en un tarro de vidrio).
Bocata de calamares y cebollas crujientes en pan tostado con pimientos.
Croquetas semi liquidas de jamón ibérico.
Ventresca de bonito a la parrilla con mirpoix de legumbres (muy buena).
Almondigas (se escriben así en este restaurante) de ternera con papas paille.
Noodles a la española (vienen en esas cajitas de cartón de comida china y en este caso eran fideos con angulas en salsa verde de pescado).
Carrilleras de ternera al vino con puré neutro de papa blanca.

De postre, uno: crema de queso igual a la que sirven en Arzac, es decir de PM; copas de vino, gaseosas y aguas para una cuenta de 85 euros por cuatro personas. No es nada caro, al contrario: 20 euros por persona es barato para el nivel de la cocina y el ambiente vanguardista.

La Gabinoteca

Teníamos planeado salir esta noche a buscar vacilón por el centro de la ciudad pero la timba se armó en casa y terminé cocinado un chaufa con su alioli, más un saldo de un arroz caldoso de cigalas y almejas que completó el menú y puso fin a las expectativas de salir por esta noche. Mañana será otro día… y el último.

Dejé la casa cuando dejaba sentir su poder mañanero. Tomamos el metro de Mirasierra camino hacia Príncipe Vergara, estación de metro donde hicimos una pascana en Alcalá UnoDosCinco Restaurante y Pinchos, en Alcalá 125, donde tomamos unas copas de verdejo para arreglar los nervios. De ahí fuimos al Corte Inglés de Goya a pie, donde tenía reservado un brie francés relleno de trufas que envasé al vacio para el viaje.

Alcalá UnoDosCinco Restaurante y Pinchos

Llegamos a las tres de la tarde al Llar, en Fernández de los Ríos 11, restaurante asturiano que elegí entre tres de los pensados para ir; los otros eran el Paraguas y el Parrondón, que se merecen los mismos elogios pues todos son los que a mi parecer representan mejor la cocina de Asturias: ¡a degustar!

Comenzamos con unos aperitivos de pan local con queso de Cabrales.

Sugerencias - El Llar

De piqueo:
Morcilla de Burgos de excelente factura (arroz).
Croquetas líquidas de jamón serrano.








De principales:
Fabada de almejas.
Fabada asturiana.

De postres:
Torta de Santiago.
Helados caseros.

Para variar paré en la tienda Sánchez Romero e incluí en el peso de equipaje a llevar presa y secreto de cerdo Ibérico pata negra, que para lo que no saben qué significa,  es  el ultra plus de este bicho sacrificado para nuestro placer.

Realmente increíble el almuerzo: las fabes eran mantequilla pura llenas de sabor y sobre todo me dejaron la ilusión de volver a este gran lugar. Vengan, es muy bueno y el precio es regalado: 140 euros por 5 personas con dos botellas de vino Albarillo por supuesto.

Mapa del Área Explorada

Partimos por la noche a Lima después de 35 días viajando, disfrutando a los amigos y ciudades con sus virtudes y defectos. Si hago cuentas, son más de 4,200 kilómetros recorridos por el grupo de legionarios que formamos parte de esta aventura culinaria, de esta unión de buenos amigos con un solo fin: pasarla bien. Se empezó en Paris el 14 de mayo y se ha recorrido la Loire, Bordeaux, St. Moritz, San Sebastián, Bilbao, Santander, León, Santiago de Compostela, Vigo, La Toja, Porto, Coimbra, Lisboa, La Algarve y Madrid, sólo por comentarles las ciudades principales. No estoy incluyendo las pequeñas  donde hemos parado a almorzar en varias ocasiones y que están registradas en las crónicas precedentes, en las fotos tomadas en nuestra memoria y sobre todo en nuestras barrigas!!!

Hay que comenzar la dieta para poder viajar. Próximos destinos posibles para octubre:

Tahití - Nueva Zelanda – Australia.
París - La Bretaña – Normandía -  la Selva Negra – Dinamarca – Noruega - Suecia.
Cádiz - Málaga – Toda la costa hasta Barcelona - Tren para hacer la Bretaña y todo lo demás hasta la Selva Negra.
Singapur – Malasia – Indonesia - Dubái o Brunei - Corea del Sur o Vietnam.

Previo este viaje se podría hacer uno chiquito en julio a Nueva York para ver como van las cosas por allá y aprovechar para ver un nuevo play musical entre buenos restaurantes locales, para variar… ¿¡Se animan!?

Les dejo esta reflexión para el final  de este viaje:

“Vivir no cuesta nada, lo que cuesta es saber vivir”.


Viajero Gastrónomo